16 Peldaños

Peldaño: Cada una de las partes de un tramo de escalera que sirven para subir o bajar por ella.

 

Lunes, 15 de abril de 2002: El Primer Peldaño

Por aquel tiempo yo tenía 16 años y, con esa edad, mi mayor preocupación era ganar el partidillo que los colegas jugábamos cada fin de semana en el pueblo. Sin Internet en casa, teléfonos móviles, redes sociales ni tanta tecnología, salir a la calle y disfrutar del día con los amigos se convertía en el mejor de los planes.

A pesar de ello, el 2002 fue un año duro.

Era la primera vez que estudiaba fuera de casa, interno en una residencia, lejos de mis padres y en la ciudad. Y aún me faltaba conocer a mi eterna compañera, aquella que me seguiría el resto de mi vida.

Aún recuerdo cómo contaba los días para que llegasen las fiestas de mi pueblo; unas fiestas que, además, ese año se celebraban en su día exacto: 13 de Abril, San Hermenegildo.

Al llegar a casa, me cambié de ropa a toda velocidad, le di un beso a mi madre en la mejilla y, como requería la fecha, le dije que iba a salir con mis amigos. Sin embargo, ella no me miró con la sonrisa de siempre, sino más bien con gesto de  preocupación: “Qué mala cara traes, Antonio, ¿has pasado buena semana?”. Mi respuesta, fue un simple: “Sí, mamá, estoy un poco cansado, pero recuperaré las fuerzas”.

No, no era solo el cansancio de estudiar y de llevar la disciplina que las circunstancias exigían. En realidad, llevaba varias semanas casi sin fuerzas y con muchísima sed, aunque bebiese dos litros de agua seguidos. Y así, ir al baño se convirtió en una necesidad continua. Tanto, que no siempre me daba tiempo a llegar. Detalles que, por no preocupar más a mi madre, me los ahorré.

Pero como dice el refrán, “madre no hay más que una”. Una madre es un ser diferente y maravilloso, yo diría que es el ángel de la guarda de cada uno.

Pasaron las fiestas, disfruté como nunca y llegó el lunes, el día de regreso a la rutina.

Ese lunes, mi madre, que ya intuía que algo no andaba bien, decidió llevarme al médico. Yo no sabía muy bien por qué, pues no me dolía nada.

A partir de ese momento, todo pasó muy rápido: un pinchacito en el dedo, las caras descompuestas de mis padres, una ambulancia esperándome en la puerta y yo que seguía sin entender nada.

Pinchazos y más pinchazos. Cada media hora, cada hora. Y, así, pasé dos semanas ingresado en el hospital.

Diabetes”, una palabra que no había sentido nunca; una palabra que cambió mi vida para siempre.

No es fácil, no fue fácil, pero era el primer peldaño y había que subirlo.

 

El Segundo peldaño

Tu vida toma un rumbo diferente, tus esquemas se modifican. Todo cambia para siempre.

Yo, aunque intentaba hacer mi vida igual que antes, seguía preguntándome qué era eso de la diabetes y por qué me había tocado a mí. Pero aún era pronto para entenderlo, pues las preocupaciones de un adolescente con 16 años se limitaban, sobretodo, a estudiar, salir de fiesta, ligar, levantarse tarde, jugar al fútbol, ir de excursión o tomar un refresco con su tapita…

Y, entonces, te surge la duda, el miedo, la inquietud. ¿Podré hacer todo eso con diabetes? ¿Y ahora qué puedo comer? ¿Y el deporte? Y de las novias, ni hablamos.

Es el momento de asimilar, de sentarte a pensar y madurar más rápido que el resto de tus amigos.

El tercer peldaño

Todo se encauza con el tiempo. Y el tiempo es el que es, ni puede volver atrás ni avanzar más deprisa. Lo importante es ser paciente y no perder nunca la calma.

Si eres consciente de la enfermedad que tienes, de que vas a tener que pincharte varias veces durante todos los días de tu vida, de que no siempre podrás hacer lo que te apetece y de que debes llevar una vida más ordenada, es que ya lo tienes asimilado. Sin embargo, eso no es todo, pues has de comprenderlo y ponerlo en práctica.

¿Cómo? Viviendo con el reloj y la alarma pegada a ti,  pinchándote en el dedo antes de cada comida y girando en torno a números: 60, 120, 210, 305…

Ha pasado un tiempo, meses o, quizá, años y aún no he comprendido del todo cómo llevar esta enfermedad.

Un pasito atrás

Te vas haciendo más mayor, conoces a personas diferentes, tienes otras inquietudes, encuentras tu primer trabajo… y ella, la diabetes, sigue contigo.

La rutina suele cansar y aburrir a las personas. Un mínimo de 4 pinchacitos en el dedo para comprobar la glucosa y otros 4 para controlarla mediante insulina. Día tras día. Y, aún así, a pesar de hacer lo mismo, los niveles de glucosa y la cantidad de insulina a inyectar no siempre coinciden.

Empiezas a desesperarte cuando pretendes hacer deporte y no puedes porque tienes el azúcar o muy alto o muy bajo. Cuando quieres salir con los amigos, pero tampoco puedes porque no te encuentras demasiado bien (y, claro, ellos no notan nada extraño y piensan que eres un poco rarito). Cuando pasas demasiadas madrugadas despierto por culpa de esa “hipo” o “hiper” que no te deja dormir y que tienes que vigilar para evitar males mayores.

No es fácil, sientes frustración y, a veces, la pagamos con quien menos se lo merece.

Te cansas, te enfadas y piensas en rendirte, en dejarlo todo porque no puedes más.

Das un paso atrás, pero, a veces, ese paso también es necesario para continuar después con un mayor impulso.

Seguimos Subiendo Peldaños

Pasa el tiempo, pasan los años y cada paciente es el responsable de su propia diabetes.

No es una enfermedad fácil de llevar y, probablemente, lo peor es que no duele, pues eso nos hace relajarnos demasiado y cometer errores.

Tuve la suerte de conocer a una familia maravillosa, AGRADI, la cual me acogió con cariño y me dio la oportunidad de participar como monitor voluntario en  campamentos para menores con diabetes. Ese campamento, mi primer campamento, fue espectacular. Allí conoces a gente maravillosa, a niños y niñas que te llenan de vida y, sin duda alguna, en una sola semana aprendes más que en todos los años anteriores.

Así, poco a poco, aprendí a sacarle partido a mi enfermedad. Ya que la tengo, ¿de qué me sirve  quejarme? Me gusta aprender de ella, conocerla mejor y compartir mis conocimientos con los que están empezando en esta batalla.

Años después, comencé a trabajar en  un centro Guadalinfo como Agente de Innovación Local y, con el respaldo de mi jefa Celia Galdeano, decidí crear un proyecto diferente: DiabeTIC. El principal objetivo sería aunar las nuevas tecnologías y la diabetes, llevando la información necesaria a las zonas rurales y formando, mediante talleres presenciales, a diabéticos y no diabéticos, a cualquier persona que sintiese inquietud ante esta enfermedad.

Hasta ahora, se han realizado talleres en una veintena de municipios y colegios, tanto de la provincia de Granada como de Almería. Además, en el año 2016, este proyecto fue galardonado por la FEDE con el Primer Premio Nacional en la categoría de Innovación y Nuevas Tecnologías. Toda una satisfacción para mí.

Otro de mis retos, llegaría en el año 2015: hacer el Camino de Santiago. Y lo conseguí, con mis miedos y mis altibajos, pero con el orgullo de haber aprendido la gran lección de vida que te ofrece el Camino.

Entre tanto y hasta el momento, continúo con mi voluntariado en AGRADI, participando en  multitud de actividades y promoviendo otras muchas como Delegado de la zona norte de la provincia de Granada. Una labor totalmente altruista que no cambio por nada.

Voy creciendo como diabético y, ante todo, como persona. No digo que sea fácil, pero tampoco digo que sea imposible.

El peldaño 16

Hoy es domingo, 15 de abril de 2018.

Han pasado 16 años justos desde el primer peldaño, un cambio brusco en mi vida que aún recuerdo y que jamás olvidaré.

Tengo 32 años, he pasado la mitad de mi vida con esta enfermedad y, a partir de hoy, seguiré sumando años con diabetes.

No fue fácil antes, tampoco lo será en un futuro. Pero, lo más importante, es que no me ha quitado las ganas de luchar, de superarme, de seguir ayudando.

Es cierto que se trata de una compañera de viaje algo puñetera, de la que he tenido que aprender mucho y de la que aún me queda por aprender. Pero si bien antes era yo el que la acompañaba, ahora es ella la que me acompaña a mí. Ella viene conmigo, aunque hicimos el trato de que yo la trataría bien y ella me molestaría lo menos posible. Hoy es parte de mí y no entendería lo que me rodea sin ella.

Este año me propongo varios retos más, pero sin duda alguna, el más emocionante es hacerme cargo de los Campamentos de Verano que organiza AGRADI. Después de casi 10 años como monitor voluntario, es todo un orgullo poder encargarme de su realización y, aún más, hacerlo junto a mi buena amiga Maribel. Todo para que los chavales puedan aprender mientras se divierten.

En dichos campamentos, conviviremos con más de 50 niños y niñas con diabetes con edades comprendidas entre los 7 y los 13 años. Nuestro principal objetivo es hacerles ver que, como el resto de personas, ellos y ellas también pueden hacer todo lo que se propongan, que no deben tener miedo a soñar. Ser partícipe de la motivación y del afán de superación de los demás, es un sentimiento que no se paga ni con todo el dinero del mundo.

Todo ha cambiado mucho desde que subí el primer peldaño hasta llegar a éste donde hoy me encuentro. Y no, no voy a parar aquí. Seguiré subiendo mientras pueda y, si alguna vez bajo algún peldaño (que será lo más probable) que no os quepa duda de que lo aprovecharé para coger un mayor impulso para subir los siguientes.

Tu única limitación es decir no puedo hacerlo, nunca lo olvides.

 

Antonio Salinas Romero

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2 comentarios en “16 Peldaños

  1. Hola Antonio, mi nombre es Blanca Santín, tengo 53 años de edad y 35 viviendo con DT1. Ando contagiada con la idea de hacer el Camino de Santiago, y como veo que te animaste, ¿podrías compartir tu experiencia? ¿Qué fue hacer el Camino viviendo con diabetes? ¿Cómo sortear todas las viscisitudes que impone una vida con diabetes, bajas, altas, medicamento, control, tiras, etc.? Gracias

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    • Hola Blanca, antes de nada, disculpa mi tardanza. Si aún no has realizado el camino, te aconsejo que lo hagas, te va a gustar mucho, y si puedes, hazlo en compañía, aunque cada cual tiene sus gustos. Sobre todo te doy un consejo, y es que nunca te agobies. Llevas muchos años con esta dolencia y seguro que controlas tu enfermedad perfectamente, pero durante el camino, habrá lluvia, viento, calor, frío… y a veces eso desespera. A mi, personalmente, eso era lo que más picos me provocaba, esa ansiedad, que poco a poco fui controlando. Por lo demás, tómalo como una excursión. Disfruta del paisaje, de la buena gastronomia que hay por aquella zona y sobre todo, disfruta del camino.

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